Si eres negro eres hombre muerto, en los En los Estados Unidos (+Vídeo)

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Si eres negro eres hombre muerto

Racismo que llevó a Trump a la presidencia hoy lo aleja del cargo

Este viernes 29 de mayo, el filósofo y analista político venezolano, Miguel Ángel Pérez Pirela, destinó la edición 101 de Desde Donde Sea a develar el uso estratégico del racismo que históricamente ha empleado el Partido Republicano en Estados Unidos para ganar elecciones y que sería el trasfondo de las protestas que se suceden actualmente en distintas ciudades de ese país.

Para sustentar sus afirmaciones, invocó una investigación realizada por catedráticos de la Universidad de Berkley, en la que se muestra cómo desde la década de 1960, cuando surgieron los movimientos por los derechos civiles, el Partido Republicano construyó una narrativa con la que transformaron la reivindicación de derechos de las minorías, en un relato de «amenaza racial» en contra de la población blanca. 

Entre las ideas desarrolladas en el estudio, destaca que Trump ha puesto a la sociedad estadounidense en una suerte de trampa, en la que, aparentemente, solo habría dos opciones: declararlo racista –y por implicación, también a todos sus seguidores–; o guardar silencio «para no ofender a nadie».

Sin embargo, la analista principal del trabajo sostiene que hay una tercera alternativa: develar que Donald Trump es un estafador que, aún en medio de la pandemia, busca obtener beneficios haciendo que los blancos «se sientan saqueados» y amenazados por los afro descendientes y los latinos, una estrategia electoral implementada hace décadas por el Partido Republicano, al que pertenece el actual mandatario estadounidense.

Este posicionamiento del supremacismo racial para ganar elecciones ocurre en medio de una carrera electoral cuya fecha tope es el 03 de noviembre, mientras la cifra de decesos por causa de la Covid-19 alcanza ya los 200.000 muertos y Estados Unidos es el epicentro de la pandemia.

Con este movimiento, opinó el experto, Trump conseguiría poner en el centro del debate el conflicto racial, en desmedro de otros temas acuciantes, como su propia incompetencia para manejar la crisis del coronavirus, los casi 40 millones de desempleados o la ruptura con la Organización Mundial de la Salud, institución devenida en chivo expiatorio del gobernante.

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De este modo, «con el problema racial, podría tener la oportunidad de ganar, aunque fuere desesperadamente, las elecciones».

  Estas palabras, en juicio de Pérez Pirela, pretendían justificar recortes de programas orientados a satisfacer necesidades de diversa índole entre hispanos y afrodescendientes. De este modo, redujo drásticamente los fondos destinados a prestaciones sociales, servicios sanitarios, acceso al agua potable, escuelas y ayudas para las zonas rurales, algo que cobró su precio en la pandemia de Covid-19, ya que una porción importante de los fallecidos pertenece justamente a estas minorías vulnerables.

Por lo tanto, es evidente que este discurso supremacista antecede por mucho al evento que detonó las recientes protestas, contra las cuales el mandatario ofreció accionar fuego, «si había saqueos», que es como decidió denominar a la indignación de los manifestantes, que sobrepasa con creces a la que sienten contra policías supremacistas, como el que segó la vida de George Floyd.

Así, a su parecer, las protestas que hoy se dan, son el resultado de esta campaña de Trump que satanizó a los latinos, acusándoles de criminales y violadores. Solamente en California, donde vive la mayor cantidad de hispanos, se incrementaron los delitos de odio en 226% en los condados que fueron visitados por el entonces candidato republicano durante la campaña, destacó el experto.

Otra arista que demuestra cuán arraigado esta el racismo en la sociedad estadounidense, está relacionada con el sistema de justicia. En el caso Floyd, los policías partícipes del acto homicida, solamente fueron despedidos de sus cargos y luego de fuertes disturbios en Minneapolis, la fiscalía accedió a imputar al oficial que lo asesinó con cargos menores: asesinato en tercer grado y homicidio no intencional.

Esto se comparece con los reportes de diversas organizaciones consultadas por él para el programa, en los que se sostiene que solamente el 1% de las quejas contra policías por racismo acaban en sanciones disciplinarias; mejor dicho: el 99% queda impune.

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